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“Prison of Women” (Presó de dones), per Tomasa Cuevas

En un artículo de 2019 reseñamos el libro de Tomasa Cuevas Cárcel de Mujeres 1939-1945. Mencionamos que había sido publicado en inglés en 1998 con el título Prison of Women: Testimonies of War and Resistance in Spain, 1939-1975 (State University of New York Press, 1998). Nos equivocamos, pues Prison of Women es un libro diferente a cualquiera de los libros de Tomasa Cuevas publicados en español.

Hoy, con motivo del 23 de abril, Día del Libro y Diada de Sant Jordi en Catalunya, publicamos este artículo para llamar la atención sobre un libro que probablemente será desconocido para nuestros lectores, y para destacar la notable vida y obra de Tomasa Cuevas (1917–2007) y de algunas de sus compañeras de prisión cuyas historias también se relatan.

Mary E. Giles, historiadora de Estados Unidos y autora de varios libros sobre la Inquisición en España tradujo Cárcel de Mujeres 1939-1945 al inglés. En una introducción explica cómo, por casualidad, en 1989, encontró el libro en una librería madrileña. Cinco años después, a través de una amistad en común, acordó encontrarse con la autora y pasaron tres días juntas seleccionando y organizando material de las tres publicaciones españolas de Cuevas.

Prison of Women es el resultado de ese trabajo. Es a la vez una autobiografía de Cuevas y un retrato de aspectos de la dictadura en gran parte olvidados en España. Aunque la propia historia de Cuevas determina la estructura del libro, once de los veintitrés capítulos son extractos de entrevistas que grabó a finales de la década de 1970 con algunas de las mujeres a quienes había conocido en la cárcel.

Cuevas creció en Guadalajara y comenzó a trabajar a los nueve años en un taller de géneros de punto. A los diecisiete años era miembro del Partido Comunista de España. Pasó la Guerra Civil en una variedad de trabajos, algunos en hospitales. Al final de la guerra fue detenida tras ser reconocida y denunciada por un vecino de Guadalajara al ir a tomar un tren con destino a Madrid. En un consejo de guerra colectivo se la sentenció a treinta años de prisión y ahí comenzó su recorrido por el mundo de pesadilla del sistema penitenciario del régimen franquista. Su condena se redujo posteriormente a veinte años y en 1944 fue puesta en libertad condicional y obligada a vivir en Barcelona. Nuevamente arrestada en 1945 por reiniciar su actividad en el Partido Comunista, fue liberada en 1946 y vivió bajo nombres falsos hasta 1953, cuando escapó para vivir en Francia. En 1961, tras la detención en España de su marido, también militante del Partido Comunista, se le permitió volver a vivir en Barcelona.

Uno de los aspectos sobresalientes del libro de Cuevas es su retrato de la solidaridad mostrada entre las presas: la ayuda a las mujeres mayores y a las de mayor riesgo, el reparto de los paquetes de comida recibidos de los familiares, el apoyo a aquellas en espera de juicio y las actividades organizadas en la prisión para mantener la moral. En una prisión, por ejemplo, las reclusas más jóvenes jugaban cada noche a simular un juicio contra Franco, echando a suertes quién debía asumir el odiado papel del dictador.

Cuevas fue enviada a siete cárceles diferentes. En las cárceles de mujeres de Madrid y Barcelona, las presas se beneficiaban de visitantes que estaban en contacto con la red clandestina de apoyo a las presas del Partido Comunista. La mayoría de las cárceles fuera de Madrid y Barcelona estaban en conventos, donde –con una excepción–, parece que las monjas eran más duras con las presas que los guardias. La peor prisión fue la del pequeño pueblo vasco de Amorebieta, que las presas llamaban “el cementerio de las vivas”. Cuevas fue una de las 450 mujeres que llegaron una noche de 1942 a la ya abarrotada cárcel después de un viaje de un día en tren desde Santander. Así describe la escena a la mañana siguiente:

“Por la mañana pudimos ver los rostros de las mujeres en Amorebieta. Tenían la piel tan amarilla que parecían pertenecer a otra raza. Era obvio que se estaban consumiendo… La prisión era un infierno. Parecía como si las mujeres de Santander hubiésemos comido de restaurante todos los días”

Prison of Women, p. 86

En pleno invierno de 1940, se había enviado a Cuevas y otras 350 mujeres desde Madrid hasta la localidad vasca de Durango en un tren de carga (primero tuvieron que limpiarlo, ya que se había utilizado para transportar animales). Después de viajar durante tres días llegaron al pequeño pueblo de Zumárraga, donde tuvieron que esperar durante la noche para cambiar de tren:

“Hacía mucho frío, e incluso antes de llegar a Zumárraga veíamos el suelo todo blanco de nieve … Cuando el pueblo se enteró de que había presas políticas en la estación, mucha gente se apresuró a venir a vernos e incluso a traernos cosas.”

Prison of Women, p. 51

“Todos los días llegaban nuevos grupos [de presas] a Durango … No había suficientes cárceles en toda España para tantas presas. Por eso, conventos como el de Durango se convirtieron en cárceles. Al final se alojó a más de dos mil mujeres en el convento reconvertido en cárcel de Durango junto a decenas y decenas de niños y niñas de edades que iban desde unos pocos meses –algunos habían nacido en la cárcel– hasta los tres y cuatro años”

Prison of Women, p. 52

Según su relato, cuando la población de Durango lo supo, se organizaron para proporcionar hogares a los menores de dos años hasta que sus familiares pudieran recogerlos. Recuerda que cuando la prisión se cerró, un año después, y los prisioneros fueron enviados a otro lugar, muchos lugareños se reunieron en la estación de tren para llevarles comida para el viaje. Quizás valga la pena recordar el nivel de represión en España en ese momento para valorar tales demostraciones de coraje y apoyo a las presas políticas: tan solo cuatro años antes, en abril de 1937, aviones de la Legión Cóndor alemana habían destruido Durango en un ataque muy similar al llevado a cabo en Guernica.

En las entrevistas a las compañeras de prisión se cuentan las historias de mujeres igualmente excepcionales y de la dureza de sus vidas. Entre ellas, las de Nieves Waldemer Santisteban, que dio a luz en la cárcel de Guadalajara; Rosario Sánchez Mora, que había ayudado a ensamblar toscas bombas usando dinamita durante la Guerra Civil y que perdió una mano en el proceso; Esperanza Martínez, detenida tras pasar un tiempo en la montaña con la guerrilla que combatió la dictadura en la década de 1940; y María del Carmen Cuesta , que era menor de edad cuando fue sentenciada a los quince años por pertenecer a las Juventudes Socialistas Unificadas, ala del Partido Comunista. También están las historias de tres mujeres: Victoria Pujolar, Adelaida Abarca and Angelita Ramos – que escaparon de la prisión de Les Corts en Barcelona y cruzaron la frontera hacia Francia.

Las historias de vida que se describen en este libro no son típicas de todas las mujeres que estuvieron en prisión durante los años de posguerra. Muchas de las entrevistadas por Cuevas habían sido miembros del Partido Comunista, y la propia Cuevas continuó activa en el partido y en la resistencia a la dictadura hasta después de la muerte de Franco en 1975. Sin embargo, su retrato de un aspecto a menudo olvidado de la dictadura franquista y de algunas de las vidas extraordinarias de mujeres que sobrevivieron a la represión de la posguerra, Prison of Women merece ser más conocido y, quizás incluso, ser traducido como tal al español.

Puede leer parte del libro en inglés aquí

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Els devots i els desplaçats: Una nova història de les Brigades Internacionals

Durante la Guerra Civil miles de personas de otros países se ofrecieron como voluntarias para luchar por la República Española contra los insurgentes liderados por el general Franco. La mayoría de ellos se unieron a las Brigadas Internacionales. Se solía reclutar a los voluntarios a través de los partidos comunistas de sus propios países. Viajaban a España cruzando la frontera francesa, a menudo ilegalmente, o en barco desde Marsella. Hubo alrededor de 35.000 voluntarios en total, aunque menos de la mitad participaron simultáneamente en la contienda. Los reclutas procedían de muchos países, destacando en número los procedentes de Francia, Polonia, Italia, Alemania, Estados Unidos, Canadá, Bélgica, Países Bajos, Reino Unido, Yugoslavia y Checoslovaquia. Aunque una pequeña minoría eran escritores, artistas e intelectuales, la mayoría era de clase trabajadora. La mayor parte tenía poca formación o experiencia militar y, a su llegada a España, fueron enviados a Albacete para su formación. Lucharon en la mayoría de las principales batallas de la Guerra Civil. El 8 de febrero de 1939, cuando Cataluña fue ocupada por las fuerzas de Franco, las últimas unidades de las Brigadas cruzaron la frontera española hacia Francia. Con motivo de este aniversario, reseñamos el libro Las Brigadas Internacionales: Fascismo, libertad y la guerra civil española, por Giles Tremlett  (Editorial Debate, 2020), publicado el pasado mes de octubre en inglés y español. 

Aparte de las memorias de ex brigadistas, ha habido muchas publicaciones sobre las Brigadas Internacionales. La mayoría se ha centrado en voluntarios de países concretos o, en algunos casos, en los de ciudades concretas. Lo que distingue a este volumen de Giles Tremlett, ex corresponsal de The Guardian en Madrid, es que intenta abarcar a todos los brigadistas, independientemente de sus países de origen. En este sentido, es “internacional” pero, a diferencia de los relatos anteriores de este tipo, se ha beneficiado de la apertura de los Archivos Estatales de Rusia, utilizados ampliamente por el autor junto con archivos de otros lugares, incluidos los de Polonia, Países Bajos, España, Reino Unido y Estados Unidos. 

El libro está organizado cronológicamente en una serie de episodios con un tiempo específico, pero muchos de estos episodios se utilizan para explorar temas y problemas más amplios. Aunque las Brigadas se crearon formalmente en otoño de 1936, Tremlett inicia su relato con voluntarios anteriores. La mayoría estaban en Barcelona en el momento del golpe militar de julio de 1936, cuando la ciudad se preparaba para celebrar la inauguración de la “Olimpiada Popular” (organizada en protesta por las “Olimpíadas nazis” en Berlín). Entre los extranjeros que se unieron inmediatamente a las milicias para resistir frente a los sublevados hubo algunos de los deportistas. Tremlett finaliza su relato, tras la derrota militar de la República a principios de 1939, con una discusión sobre las experiencias de los voluntarios en la posguerra. 

Poster Olimpiada popular. Autor: Lewy, Fritz, 1893-1950; Contribución: Centre Autonomista de Dependents del Comerç i de la Indústria. Fuente: CRAI Pavelló de la República (Universitat de Barcelona)

La investigación de Tremlett en los archivos soviéticos revela que los voluntarios provenían de más países de los que se había establecido anteriormente, de sesenta y cinco de los estados soberanos independientes existentes entonces. 

Como explica en la introducción, la mayoría de los voluntarios provienen de dos categorías superpuestas de personas: “los devotos” y “los desplazados”. Los devotos eran a menudo, pero no siempre, miembros del Partido Comunista. Los líderes del partido intentaron aprobar a los voluntarios según su motivación, experiencia militar, opiniones políticas y aptitud física, y más de la mitad de los voluntarios fueron miembros del partido. 

Sin embargo, en la década de 1930, Europa albergaba a un gran número de refugiados políticos de regímenes represivos. Aunque los más recientes eran Alemania y Austria, también hubo refugiados que escaparon de la represión política y el antisemitismo en Italia, Polonia, Hungría, Yugoslavia y otros lugares. Las comunidades de refugiados más numerosas incluían a quienes habían huido de los pogromos antisemitas en el Imperio Ruso y las personas desplazadas por la Revolución Rusa o por el colapso de los Imperios austrohúngaro y alemán tras la Primera Guerra Mundial. A estos debían añadirse los inmigrantes económicos, especialmente después de la caída de Wall Street de 1929 y el inicio de la Gran Depresión.  

La importancia de tales comunidades de refugiados para el reclutamiento queda clara en el relato de Tremlett, particularmente en el caso de los voluntarios polacos. Había grandes comunidades polacas fuera de Polonia, especialmente en Francia y Bélgica. Sólo alrededor del veinte por ciento de los brigadistas polacos fueron reclutados directamente desde Polonia; el resto provenía de lugares tan lejanos como Argentina. Unos 350 voluntarios polacos llegaron de Bélgica, de los cuales 131 eran judíos. De los 1.900 voluntarios de Bélgica, 800 eran, de hecho, inmigrantes recientes en ese país. Los judíos representaron alrededor del diez por ciento de todos los voluntarios, incluidos 200 de los de Bélgica. Los voluntarios de fuera de Europa también procedían con frecuencia de comunidades de inmigrantes: la mayoría de los voluntarios ucranianos, por ejemplo, procedían de Canadá. 

¿Qué peso tuvo la contribución de las Brigadas al esfuerzo bélico general de los republicanos? Tremlett evita con razón exagerar su papel. Desempeñaron un papel crucial para evitar que las fuerzas de Franco tomaran Madrid en el invierno de 1936-37. En las batallas del Jarama en febrero de 1937 y en Guadalajara unas semanas después, ayudaron a detener los intentos de los rebeldes de rodear la capital. Fueron utilizados como tropas de choque durante la guerra y desplegados en la mayoría de las batallas clave. El personal médico extranjero, a menudo mujeres, adscrito a las Brigadas, desempeñó un papel crucial en el establecimiento y entrenamiento de los servicios médicos de las fuerzas republicanas. Sin embargo, las Brigadas siempre fueron desplegadas como parte del ejército republicano y su contribución fue limitada. No combatieron en el Frente Norte, donde el País Vasco, Santander y Asturias quedaron aislados del resto del territorio republicano. A medida que avanzaba la guerra y la República entrenaba un nuevo ejército, se redujo la importancia relativa de las Brigadas. Las cinco brigadas se volvieron cada vez menos “internacionales” a medida que sus filas aumentaron con tropas españolas y algunos de los brigadistas supervivientes fueron desplegados tras las primeras líneas, en algunos casos entrenando a reclutas españoles.  

El régimen de Franco y algunos historiadores fuera de España han retratado a las Brigadas como un ejército comunista bajo el control de Moscú. La importancia de los miembros del partido, especialmente entre los oficiales y comisarios políticos, es bien conocida. Pero cada unidad tenía su propio carácter político: Tremlett retrata el Batallón Thälmann, de habla alemana, como más influenciado por la dirección del Partido Comunista que el Batallón Garibaldi, cuya dirección reflejaba la naturaleza más diversa del antifascismo italiano. Mientras figuras como el francés André Marty y el italiano Luigi Longo desempeñaron papeles clave en la base de las Brigadas en Albacete, los “asesores” soviéticos ocuparon muchos de los principales puestos militares. Entre ellos, los más importantes no fueron rusos sino húngaros, polacos y ucranianos, que operaban bajo nombres falsos. Estos incluían al húngaro Paul Lukacs, el ucraniano Emilio Kléber y el general polaco Walter, quienes habían servido en el Ejército Rojo. 

Las Brigadas sufrieron una tasa de mortalidad muy alta: alrededor de una cuarta parte de los voluntarios del Reino Unido, Francia y Canadá murieron, y Tremlett estima las muertes totales aproximadamente en un veinte por ciento, con una alta proporción de supervivientes heridos. El motivo queda claro en el relato de Tremlett: se usó a las Brigadas como tropas de choque, especialmente en los primeros meses cuando la República se esforzaba por entrenar un ejército para reemplazar a las milicias improvisadas que habían resistido el golpe militar. Esto implicó que a menudo se arrojara a los brigadistas a la batalla con un entrenamiento mínimo y con armamento anticuado. Hasta su retirada en septiembre de 1938, continuaron involucrados en gran parte de los combates más duros, con las consiguientes bajas. Su captura por parte de los ejércitos de Franco, especialmente durante la retirada republicana en Aragón a principios de 1938, a menudo resultó en ejecución inmediata, aunque cientos sobrevivieron para utilizarse en intercambios de prisioneros después de ser sometidos a un trato brutal en San Pedro de Cardeña, cerca de Burgos.   

San Pedro de Cardeña (Burgos). 22 de septiembre de 1938. Prisioneros internacionales. Ministerio del Interior / Sección técnica. Biblioteca Nacional de España. Imágenes bajo licencia CC-BY.

La retirada de las Brigadas se produjo en septiembre de 1938. Al mes siguiente se organizó un gran desfile en Barcelona, donde “La Pasionaria” (Dolores Ibarruri) les dirigió un célebre discurso de despedida. Posteriormente, los destinos de los brigadistas tomaron rumbos diferentes, como describe Tremlett en uno de los capítulos más interesantes. Algunos, como los británicos, estadounidenses, franceses y canadienses, regresaron a casa, a menudo para ser tratados con sospecha; en la década de 1950 fueron acusados ​​de “antifascismo prematuro” en los Estados Unidos. Sus antiguos camaradas de Alemania, Italia y otras dictaduras europeas fueron a menudo menos afortunados. En enero de 1939, unos 3.200 voluntarios, principalmente alemanes, italianos, polacos y otros europeos del este todavía estaban en España porque regresar a sus propios países significaba el encarcelamiento o la muerte. A medida que las fuerzas de Franco avanzaban sobre Barcelona, ​​se les pidió que regresaran al campo de batalla en un vano intento de ayudar a evitar la derrota militar.

En marzo de 1939, tras la caída de Cataluña, más de 5.700 brigadistas estaban retenidos en campos de internamiento franceses. Algunos jugarían un papel importante en la Resistencia francesa; otros serían deportados a campos nazis, donde pocos sobrevivieron. Algunos de los voluntarios polacos hicieron el viaje a través del norte de África hasta la URSS, donde Stalin reclutó un ejército polaco contra Alemania. La contribución de algunos brigadistas también fue importante en otros países, participando por ejemplo en las fuerzas partisanas que operaron en Italia y Yugoslavia, donde los cuatro ejércitos partisanos de Tito estaban dirigidos por ex brigadistas. Algunos de los europeos del este sobrevivieron para desempeñar papeles políticos importantes después de 1945, sobre todo en la República Democrática Alemana, donde seis ex brigadistas se convertirían en ministros del gobierno, mientras que otros desempeñaron funciones clave en el ejército y las fuerzas de seguridad. 

Más de ochenta años después, ¿cómo vemos a quienes se ofrecieron como voluntarios y arriesgaron sus vidas en las Brigadas Internacionales? En el pasado, muchos escritores los vieron como figuras heroicas que dejaron sus países de origen y se arriesgaron a morir para detener la propagación del fascismo. Para el régimen de Franco –y para los protagonistas de la Guerra Fría en Occidente– eran meros aventureros o un ejército invasor de marxistas bajo el control de Moscú. Tremlett logra evitar una u otra caracterización, señalando que no todos eran buenas personas y que, como en cualquier gran grupo, había cobardes y psicópatas, así como quienes estaban dispuestos a arriesgar su vida en virtud de una causa noble. Este reconocimiento de la diversidad de los brigadistas, así como la amplitud de las fuentes utilizadas, hacen de esta una historia de las Brigadas genuinamente internacional, que debe ser leída por cualquier interesado en la Guerra Civil o en la Europa de entreguerras. 

La base de datos más completa de integrantes de las Brigadas Internacionales es SIDBRINT, de la Universitat de Barcelona, que incluye información de más de 30.000 personas voluntarias. 

Giles Tremlett, Las Brigadas Internacionales: Fascismo, Libertad y la Guerra Civil Española (Editorial Debate, 2020).

SOBRE LA FOTO DE SAN PEDRO DE CARDEÑA [Nota afegida 4 març 2021]: La foto mostra presoners de guerra de les Brigades Internacionals fent la salutació feixista. Això s’exigia a tots els presoners –espanyols i no espanyols– a San Pedro i a altres camps de concentració. Segons el voluntari nord-americà Carl Geiser, que va estar empresonat a San Pedro entre l’abril de 1938 i el febrer de 1939, els brigadistes empresonats , principalment britànics i nord-americans, van acordar entre ells donar la salutació feixista per evitar les pallisses que es donaven als presos que es negaven. Afegeix que “els sargents ignoraven les salutacions descuidades sempre que no es tanqués el puny” (Carl Geiser, Presoners de la Bona Lluita , 1986, p. 129). L’obligació de fer la salutació feixista acompanyada del crit del nom del dictador, juntament amb les pallisses que s’administraven als presoners, formen part de les nombroses contravencions de la Convenció de Ginebra de 1929 sobre el tractament dels presoners de guerra per part dels militars rebels.

[Traducció: Carlos Terraga]

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FOTO DE PORTADA: Comiat de membres de la Brigada Internacional XV, possiblement el Batalló Anglès, durant la Batalla del Ebre en el camp de futbol de Marçà (Tarragona), Octubre 1938. Autoria: Concern Illustrated Daily Courier – Illustration Archive, Public domain, via Wikimedia Commons.

La duquessa defensora de la República

Durant la Guerra Civil, la República Espanyola va rebre el suport de moltes persones d’altres països. Probablement, un dels seus defensors més inesperats va ser la duquessa d’Atholl, aristòcrata i diputada del parlament britànic. Per a commemorar el 60 aniversari de la seva mort, el 21 d’octubre de 1960, publiquem aquest article, que destaca el suport de la duquessa a la República i il·lustra l’ampli suport que la República va rebre arreu del món.

Nascuda a una família aristocràtica escocesa el 1874, Katharine Marjory Ramsay es va convertir en duquessa d’Atholl el 1917 quan el seu espòs va heretar el ducat. S’havia format com a pianista al Royal College of Music de Londres en la seva joventut però, després del seu matrimoni, es va dedicar al servei públic. Abans de 1914, va ser membre d’un comitè que va examinar els problemes de la prestació de serveis de salut a les Highlands i a les illes d’Escòcia, escassament poblades. Durant la Primera Guerra Mundial va ajudar a organitzar els serveis d’infermeria per a l’exèrcit britànic.

El 1923 va ser escollida per al parlament com a diputada conservadora per Kinross & West Perthshire, el districte electoral escocès al qual pertanyia Blair Atholl, la propietat familiar, en un escó que anteriorment havia ocupat el seu espòs. Va ascendir ràpidament. De 1924 a 1929 va ser ministra d’Educació, sent la segona dona a ocupar el càrrec de ministra al govern britànic. Hi ha una mica d’ironia en això: les dones podien votar des de 1918, però abans de 1914 la duquessa s’havia oposat obertament al sufragi femení, argumentant que les dones encara no tenien l’educació suficient.

A finals de la dècada de 1920, va centrar la seva atenció en els problemes internacionals. Va donar suport a una campanya per a prevenir la mutilació genital femenina en les colònies britàniques d’Àfrica Oriental i es va preocupar pels esdeveniments a l’URSS: el seu llibre The Conscription of A People (1931) va treure a la llum i va denunciar les pràctiques soviètiques de treball forçat. Malgrat la seva hostilitat cap a l’URSS, després de llegir Mein Kampf de Hitler, va decidir que l’Alemanya nazi era una amenaça fins i tot major per a la pau europea. Això va marcar el seu suport a la República espanyola després del fracàs de l’intent de cop d’estat el juliol de 1936.

En les seves memòries, Men and Politics, publicades el 1941, el periodista estatunidenc Louis Fischer va valorar la contribució de la duquessa a la campanya britànica en suport de la República amb les següents paraules:

“Amb un vestit de seda negre passat de moda, que li arribava fins a la punta de les sabates, a les reunions sobre Espanya, s’asseia a la tarima amb comunistes, socialistes d’esquerra, treballadors i brigadistes internacionals discapacitats per a reclamar ajuda per als republicans. Interrogava a tots els que havien estat a Espanya, parava atenció a les seves paraules i n’anotava moltes en un llibre, replet de la seva lletra il·legible “.

Men and Politics, págs. 440-441

Es va convertir en presidenta del Joint National Committee for Spanish Relief (NJC), creat el novembre de 1936 per a coordinar el treball dels innombrables grups establerts a Gran Bretanya per a proporcionar ajuda humanitària a la República. Com a presidenta, va treballar amb persones d’orígens diversos i amb opinions polítiques molt diferents a la seva, incloses Ellen Wilkinson i Leah Manning, totes dues membres esquerranes del Partit Laborista, i Isabel Brown, una membre prominent del partit comunista britànic. A l’abril de 1937, una delegació parlamentària d’Atholl, Wilkinson i la diputada independent Eleanor Rathbone va visitar Barcelona, ​​València i Madrid. A València van conèixer a soldats italians que havien estat fets presoners durant la Batalla de Guadalajara (març de 1937) per ser membres de l’exèrcit de Franco. Madrid estava sota un intens bombardeig artiller però les van portar a presenciar els combats a la Casa del Camp. Poc després del seu retorn, la duquessa d’Atholl es va convertir en presidenta del Comitè per als Nens Bascos (Basque Children’s Committee), que va organitzar l’evacuació de gairebé 4.000 nens i nenes des de Bilbao per a allotjar-los a Gran Bretanya, tal com expliquem a Expedició a Anglaterra: Nens i nenes bascos a Anglaterra.

El seu suport a la República va fer que els periòdics de dretes de Gran Bretanya la bategessin com la “Duquessa Roja“, malgrat ser una figura molt conservadora i una forta defensora de l’Imperi Britànic. El 1935 havia dimitit temporalment del partit Conservador al parlament en protesta per la legislació per a introduir l’autogovern local a l’Índia, colònia britànica llavors, ja que temia que això conduís a la seva independència. Louis Fischer, a qui va convidar a prendre el te a la Cambra dels Comuns el 1937, va arribar a la conclusió que “no és una radical” (Men and Politics, pàgina 440).

El seu suport a la República la va motivar a escriure un llibre sobre la Guerra Civil, Searchlight on Spain, que es va publicar en rústica el juny de 1938, venent més de 100.000 exemplars en un mes. En contrast, uns mesos abans, l’ara famós Homenatge a Catalunya de George Orwell va vendre menys de mil còpies quan es va publicar. Orwell va fer una ressenya de Searchlight on Spain per a la revista Time and Tide el juliol de 1938 i la va descriure com “una breu història popular de la guerra espanyola” que estava “escrita de manera simple i ben documentada” (Orwell in Spain, 2001, pàgina 304 de l’edició anglesa). [Nota de la T: existeixen dues edicions espanyoles, Austral i Tusquets].

Searchlight on Spain inclou un capítol sobre la “Espanya insurgent” que, va admetre, no havia pogut visitar. Basant els seus comentaris “en llibres d’uns altres que l’havien visitat” (Searchlight on Spain, pàgina xi), va destacar la repressió generalitzada i la negativa de l’autoritat insurgent a permetre reportatges independents. Al seu últim capítol va concloure:

“Si Barcelona, ​​València i Madrid cauen en mans dels insurgents, probablement seran indescriptibles les barbaritats que es perpetraran. Si s’aixafa als republicans espanyols, significarà la fi de la llibertat, la justícia i la cultura, i l’extermini sense pietat de tots els qui les hi atorguen importància”.

Searchlight on Spain, pàg. 316

També advertí dels perills d’una victòria insurgent en el cas d’una guerra europea més àmplia que, el 1938, semblava cada vegada més probable. Assenyalà que França estaria envoltada per tres potències hostils (Alemanya, Itàlia i Espanya), i destacà el perill que això suposaria per a Gran Bretanya. També va assenyalar -amb gran encert, com els esdeveniments de la Segona Guerra Mundial demostrarien- la potencial amenaça per a la navegació britànica dels submarins alemanys repostant al llarg de la costa de Galícia.

Els temors de la duquessa respecte l’Alemanya nazi havien anat en augment durant les seves visites a diversos estats d’Europa central al llarg de 1937 i 1938. Entre ells, Àustria, on hi va ser poc abans de l’annexió nazi el març de 1938; i Txecoslovàquia, que va visitar al juliol de 1938. Dos mesos després d’aquesta visita, al setembre de 1938, Neville Chamberlain, primer ministre britànic, i Edouard Daladier, primer ministre francès, van acceptar a Munic la demanda d’Hitler d’ocupar la part de Txecoslovàquia coneguda com els Sudetes. Quan es va signar l’Acord, ella estava de viatge al Canadà i als Estats Units, realitzant una extensa gira, parlant a reunions públiques, com a part d’una campanya de recaptació de fons per a enviar vaixells amb aliments en suport a la República Espanyola.

En aquell moment, el seu suport a la República espanyola i les seves crítiques a la política exterior britànica havien provocat la seva expulsió del Partit Conservador, que governava. Després de l’Acord de Munic, va renunciar al seu escó perquè es convoqués una elecció parcial a la seva circumscripció, a la qual es va presentar com a candidata. El seu únic oponent era del Partit Conservador, perquè tant el Partit Laborista com el Liberal van retirar les seves candidatures i la van secundar. Les seves crítiques a la política exterior de Chamberlain i a l’Acord de No Intervenció que impedia al govern republicà espanyol comprar armes legalment van centrar la seva campanya electoral. Va obtenir el suport de membres prominents del món artístic i literari britànic; entre ells, Gerald Brenan i Sir Peter Chalmers-Mitchell. Tots dos havien estat vivint a Màlaga en esclatar la Guerra Civil. Winston Churchill, un altre oponent de l’Acord de Munic, la trucava regularment, però va evitar asistir als actes de la campanya electoral. La votació es va celebrar el 21 de desembre, després de dos dies de fortes nevades, i el candidat conservador va obtenir una estreta victòria. Això va posar fi a la carrera política de la duquessa, però no a la seva defensa de la República espanyola ni dels drets humans.

Al gener de 1939 va ser una de les signants d’una carta conjunta al diari The Times amb la petició que es permetés al govern republicà comprar armes legalment. Després de la derrota de la República, va visitar els camps del sud de França on estaven confinats centenars de milers de refugiats espanyols. Al maig de 1939, va viatjar també al port francès de Sête per a ser testimoni de la sortida del Sinaia, que el Joint National Committee for Spanish Relief (NJC) havia noliejat per a transportar refugiats republicans a Mèxic.

Després de la Segona Guerra Mundial, va ajudar a establir la British League for European Freedom (Lliga Britànica per a la llibertat d’Europa), que va presidir. La Lliga va fer campanya per a exposar la situació dels drets humans a Europa de l’Est després de caure sota el domini soviètic. Les seves memòries, Working Partnership, es van publicar el 1958, dos anys abans de la seva mort. Potser sorprèn que tingués relativament poc a dir sobre la seva feina en suport de la República espanyola. No obstant això, com Louis Fischer va escriure el 1941,

“[la duquessa d’Atholl] havia anat a Madrid i des d’aquell moment va treballar tan dur per a l’Espanya lleial com qualsevol altre en el regne”.

Men and Politics, pàgina 440.

[Traducció: Núria Noguera]

Foto: Katharine Marjory Stewart-Murray (née Ramsay), Duchess of Atholl by Howard Coster. Half-plate film negative, 1938. © National Portrait Gallery, London NPG x12264. (CC BY-NC-ND 3.0)

Expedició a Anglaterra: nens i nenes bascos a Gran Bretanya

La Guerra Civil va alterar per sempre la vida de tota una generació de nens i nenes. Molts infants es van veure forçats a l’exili, de manera temporal o permanent. Gairebé 4.000 nens i nenes bascos es van convertir en refugiats a Gran Bretanya. Per commemorar l’aniversari de la seva partida el divendres 21 de maig de 1937, relatem la seva experiència.

Aquell dia l’Habana va salpar des de Santurce, 14 km a nord de Bilbao, transportant cap a un futur incert a 3.826 infants refugiats que escapaven de l’assalt de les forces de Franco a la ciutat. En aquest vaixell de vapor, noliejat pel govern basc, els acompanyaven 120 senyoretes, 80 docents, 16 sacerdots i 2 metges. El vaixell, construït per transportar només 800 passatgers, va tenir un viatge difícil al trobar tempesta al Golf de Biscaia, fet que va fer que arribessin a Southampton el matí de diumenge 23 de maig. Després del desembarcament, una flota d’autobusos municipals va portar als infants a un campament situat a North Stoneham, preparat precipitadament per a ells als afores de Southampton. [Veure reportatge de 1937 amb imatges de la seva arribada a Anglaterra]

Quan el fallit cop militar de juliol de 1936 va donar pas a la Guerra Civil, el govern britànic, dominat pels conservadors, va adoptar una política de “no intervenció”. No obstant això, en qüestió de dies es van crear per tota la Gran Bretanya grups locals de suport al govern republicà en la seva lluita contra la rebel·lió militar. A la tardor, els representants d’aquests grups van constituir el National Joint Committee for Spanish Relief (Comitè britànic d’ajuda a Espanya).

A l’arribar la primavera de 1937, el suport a la República es va centrar en la difícil situació del País Basc, bloquejat per l’armada de Franco i amenaçat per l’avanç de l’exèrcit insurgent. La premsa britànica va informar àmpliament de la destrucció de Guernica el 26 d’abril per la Legió Còndor alemanya. Ho va fer especialment George Steer, corresponsal de “The Times”, que va visitar la ciutat hores després del bombardeig. [Llegeix l’article original de Steer].

Fins i tot abans de la destrucció de Guernica ja es temia per la població civil de Bilbao: la ciutat, que albergava a uns 100.000 refugiats, estava sent bombardejada diàriament. Des de principis d’abril, es van fer plans per evacuar part de les dones i infants. Es van rebre ofertes per acceptar refugiats des de diversos països com França i la Unió Soviètica. A Gran Bretanya, els principals membres de Comitè britànic d’ajuda a Espanya van crear separadament un Comitè per als Nens Bascos (Basque Children’s Committee), presidit per la Duquessa d’Atholl, diputada del partit conservador, per organitzar l’evacuació de part dels nens i nenes. Leah Manning, exdiputada laborista, va ser enviada a Bilbao per organitzar-ho a l’abril, i a principis de maig la van seguir dos metges i dues infermeres de parla hispana. Es va convidar a les famílies a sol·licitar la inclusió dels seus fills. En plena crisi de maig de 1937, va ser una decisió angoixant d’importants conseqüències: en alguns casos, els infants que van marxar no van tornar a veure els seus pares durant anys i alguns els van veure llavors per última vegada.

El govern britànic va acceptar a contracor l’arribada de 2.000 nens i nenes d’entre sis i dotze anys, amb la condició que no s’utilitzessin diners públics en ells, i entenent que la seva estada es limitaria a uns pocs mesos. Aviat hi va haver més de 2.000 peticions a Bilbao i la Duquessa d’Atholl va persuadir al govern perquè augmentés el nombre d’acceptats a 4.000. Ressaltant l’amenaça que els soldats de Franco suposaven per a les adolescents, va aconseguir que el govern augmentés l’edat dels refugiats fins a setze anys, i que hi hagués major proporció femenina entre els grans. Després de la recerca desesperada d’un lloc per albergar-los, es va rebre l’oferta de tres terrenys que abastaven 12 hectàrees a North Stoneham, prop de Southampton. Els voluntaris van treballar precipitadament per erigir carpes i construir les instal·lacions necessàries, inclosos els subministraments de gas i aigua. El Ministeri de Guerra va proporcionar les carpes i les cuines de campanya, i va cobrar pel seu lloguer.

Les dificultats inicials a les quals es van enfrontar els nens a North Stoneham centren els relats de la vida allà: l’estrany menjar, l’idioma, la vida en tendes de campanya i les fortes pluges que van inundar el campament als pocs dies de la seva arribada. També són indicatius dels traumes que l’experiència de guerra havia causat als infants (molts, per exemple, van córrer a amagar-se quan un petit avió va sobrevolar el campament per fotografiar-lo). La caiguda de Bilbao davant les forces insurgents el 19 de juny va causar commoció perquè nens i nenes van témer per les seves famílies: diversos centenars es van escapar del campament aquell dia.

North Stoneham era un camp temporal. Aviat es va arribar a acords per dispersar grups d’infants per tot el país. 1.200 van ser allotjats en comunitats dirigides per l’Església Catòlica. La resta va ser traslladat a uns 70 llars (coneguts com “colònies”) gestionats per grups de la comunitat local, després de convidar als nens i nenes a optar entre llocs dels que sovint no sabien res. Inevitablement, hi havia grans diferències entre les colònies, segons els recursos de cada comunitat d’acollida. Algunes colònies van ser clarament inadequades, el Comitè per als Nens Bascos les va tancar, i els infants van ser transferits a altres.

No tothom veia els nens i nenes refugiats amb bons ulls. Els partidaris de Franco argumentaven que permetre l’estada d’infants refugiats a Gran Bretanya era una forma de suport a la República. Es va crear el grup Amics de l’Espanya Nacionalista, que va comptar entre els seus membres amb diversos parlamentaris conservadors per pressionar per la seva repatriació. Els diaris de dretes van afirmar que els nens eren comunistes, violents i rebels: fins i tot un editorial del Daily Mail els va descriure com “petits desgraciats potencialment assassins”. A l’estiu de 1937, alguns nois de dues de les colònies van estar involucrats en molèsties a residents locals, el que va proporcionar més munició. Després de la caiguda de Bilbao, l’Església Catòlica, que havia donat suport a l’evacuació, es va unir a la campanya per retornar als nens i nenes ràpidament.

En qualsevol cas, la majoria de les colònies va aconseguir establir vincles amb les comunitats locals. Els equips de futbol dels nois de les colònies van jugar partits contra equips locals, i algunes colònies van organitzar concerts amb cançons i balls bascos per recaptar fons. Va haver-hi grans diferències entre l’experiència d’uns infants i altres. Algunes colònies van rebre més suport de la comunitat local i altres menys. Dues de les més destacades van ser la de Cambridge i la de Caerleon, a sud de Gal·les.

Els 29 infants de Cambridge eren orfes de famílies de milicians socialistes. All principi van viure en una rectoria de grans dimensions fora de la ciutat, més tard es van mudar a una gran casa a prop de l’estació de ferrocarril (on una placa blava segueix recordant-los). Van rebre classes del personal de la Universitat de Cambridge i a l’estiu de 1937 van passar un mes a la costa de Norfolk com a convidats dels pares de John Cornford, que havia mort com a membre de les Brigades Internacionals. La seva mestra de música, Rosita Bal, havia estudiat amb Manuel de Falla, i els infants van interpretar cançons i balls bascos durant concerts a Londres i en altres llocs.

La colònia de Caerleon es va beneficiar dels estrets vincles entre Biscaia i el sud de Gal·les, desenvolupats al segle XIX al ritme de la industrialització de les dues zones (el mineral de ferro de Biscaia s’exportava al sud de Gal·les i els vaixells tornaven carregats de carbó gal·lès per al seu ús en les acereries basques). La Federació de Miners del Sud de Gal·les va donar suport financerament a la colònia de Caerleon, al costat de membres de les esglésies metodista i baptista locals i la petita comunitat espanyola de Cardiff. Els nens i nenes van rebre ensenyament tant en espanyol com en anglès, també van crear el seu propi diari (Cambria House Journal) i van donar concerts a ciutats del sud de Gal·les. A l’estiu de 1938, les famílies dels miners locals els van convidar a passar amb ells una setmana de vacances. El seu equip de futbol es va guanyar una reputació com “els nois bascos” i “els invencibles”. L’edifici que albergava la colònia els recorda també amb una placa blava.

El retorn dels nens a Espanya sovint va ser un procés complicat. En alguns casos, un o els dos pares havien mort o estaven a camps de refugiats a Catalunya o França. Les cartes dels pares demanant als infants que tornessin es van escriure en alguns casos clarament sota la pressió de les autoritats franquistes. Poc a poc, però, la majoria dels nens es van reunir amb les seves famílies, encara que això es va fer més difícil després de l’esclat de la Segona Guerra Mundial al setembre de 1939. Finalment, van romandre a Gran Bretanya uns 400 nens, ja fos perquè no tenien famílies a les que tornar o perquè a l’arribar als 16 anys van decidir quedar-se. El 1945 només quedava una de les colònies, a Carshalton (Surrey), i es va tancar poc després. Tot i que el Comitè per als Nens Bascos finalment es va dissoldre el 1951, els descendents dels que van romandre van crear el 2002 l’Associació per als nens bascos britànics [BCA’37: The Association for the UK Basque Children].

[Traducció: Lara Regojo]

Foto: Infants bascos a Stoneham, prop de Southampton (Anglaterra). Biblioteca Nacional d’Espanya. Llicència CC-BY-NC-SA